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El relinchín

Cuando alguien hace alarde, ostentación, vanagloria, jactancia, exhibición, boato o lanza una bravata que no puede cumplir, en mi pueblo se dice de él: es un “relinchín”. ¿De dónde proviene esta acepción? Te lo voy a explicar, poniendo en valor así la inmensa sabiduría almacenada por las gentes de nuestros pueblos y aldeas.


Cuando los animales de tiro eran imprescindibles en el mundo rural, el momento de “cubrir” las yeguas en un pueblo era una labor fundamental. Se traía para ello a un semental de alguna localidad próxima, de reconocido prestigio y descendencia afamada. Este caballo, cuyas dotes de inseminador eran cantadas de feria en feria (las redes sociales de entonces, ¡qué caramba!), era alimentado y cuidado con esmero. Cubierto con una manta, brillante y lustroso, el semental se llevaba al lugar de la monta donde era atendido por su propietario y “preparado” convenientemente por el mamporrero para las artes amatorias. Mientras tanto, a la yegua que debía ser cubierta se le ofrecía un caballito del pueblo, un penco sin “pedigrí”, que cortejaba a la dama y la preparaba para ofrecerse, receptiva, a la cubrición. Cuando nuestro rocín lugareño, endiosada su virilidad hasta el extremo, intentaba acometer a la hembra… Entonces era retirado y su lugar era ocupado por el galán foráneo, que, finalmente, era quien copulaba y cumplía con el objetivo previsto. ¡Vaya faena! Nuestro caballito, quien después de haberse volcado con pasión en los prolegómenos del acto había sido expulsado en el último momento, humillado, enloquecía de celos y relinchaba, relinchaba sin cesar. He aquí el origen de la expresión “relinchín”.


Y es curioso, porque durante estas últimas campañas electorales, la figura del “relinchín” me ha venido a la cabeza reiteradas veces observando la actuación y las promesas de muchos de nuestros candidatos y candidatas. No deseo generalizar, ni caer en injustos agravios, ciertamente no toda nuestra clase política es igual, pero se me antojan muy similares los comportamientos de aquellos postulantes que relinchar, relinchan y relinchan sin cesar aunque no tengan ninguna posibilidad de consumar sus ofertas. Contemplo con estupor como estas declaraciones vacías, aumentadas y multiplicadas gracias a las redes sociales, adquieren un valor bidireccional: por un lado otorgan una autoridad, que no es real, al político que las lanza; y por otro, son aceptadas, y lo que es peor interiorizadas como verosímiles, por un número importante de los receptores que no muestran el más mínimo espíritu crítico ante la posible falsedad de los mensajes o informaciones recibidas. Quienes pertenecen al espectro de “los míos” dicen la verdad, mientras que quienes se sitúan en el universo ideológico de “los otros” tan sólo mienten o lanzan “fake news”.


En esta tesitura, no es de extrañar que se ofrezcan construcciones de muros, a lo Trump, que van a costear las arcas de Marruecos; una república independiente en el plazo de un mes, más o menos, que además será aceptada por una Europa que lo está deseando; creación de miles de puestos de trabajo en todos los sectores, empleos que serán, además, fijos y de calidad; aumento de la recaudación mediante, atentos al dato, una bajada de impuestos; fortalecimiento del Estado mientras se retira su presencia en el ámbito autonómico y su visibilización desaparece; más descentralización y reconocimiento plurinacional del Estado; más centralización y menos autonomías; equiparación de sueldos para 142.000 policías y guardias civiles, además de aumento de plantillas en sanidad, educación y justicia; subida de pensiones para todos y todas, incluyendo langostinos y chupito de hierbas en el menú de los viajes del IMSERSO; derecho a vivienda, alimentación, educación y protección a los animales (no se especifica si caben los derechos sexuales y de reunión o manifestación de los mismos); disminución de las plantillas de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad y del ejército, además de su reeducación para no utilizar la porra sino dedicarse al cuidado de niños, ancianos y dependientes… La lista es muy larga y seguro que tú podrías añadir muchas más, y las contrarias, pues el show parece inacabable.


Promesas, ocurrencias, iluminaciones que se lanzan sin aportar datos ni aclararnos cómo se pretende realizar, qué consecuencias tendrán estos cambios y con qué vías de financiación se cuenta. Intenciones, en definitiva, que resultan estériles si en un corto o medio plazo son imposibles de materializar, pues, como le ocurría a nuestro caballito lugareño, no se consuman.


Ya saben que un cuñado siempre da mucho juego en las sobremesas familiares. El que me ha correspondido en suerte suele finalizar este tipo de debates con esta sentencia: “Aquí hay muchos que eructan jamón, aunque coman sopas de ajo”. Pues eso. Y es que estos días de campaña observo yo mucho “relinchín” entre nuestra clase política. O, bien pensado… ¡a ver si va a resultar que los “relinchines” somos nosotros, los sufridos ciudadanos a quienes nos regalan los oídos para dejarnos al fin con las ganas!

Jesús Prieto Mendaza

Antropólogo y profesor



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